Los vehículos equipados con estos sistemas ofrecen a sus ocupantes protección en percances menores y hasta en ataques terroristas. Por la tecnología empleada, su instalación se cotiza en dólares y, contrario a lo que podría pensarse, no sólo hombres de negocios y políticos recurren al blindaje, cada vez son más los autos particulares que lo incluyen.
Las unidades blindadas fueron creadas para proteger a los militares de alto rango que participaron en la Primera Guerra Mundial. Con el paso del tiempo, su uso se propagó en toda Europa y posteriormente llegó al continente americano, encontrado un amplio mercado en México donde los modelos iniciales se lanzaron a principios de los 70 como un aditamento táctico para las patrullas de la policía.
Sin embargo, fue casi 20 años después (1995) cuando se comenzaron a blindar vehículos particulares propiedad de empresarios, políticos y personas que por su estilo de vida necesitaban este tipo de sistemas. Hoy en día, la industria de la seguridad ha alcanzado a gente de diversas ocupaciones quienes buscan salvaguardar su integridad física y la de sus familias.
Es por esto que el blindaje se suma a otras técnicas de protección entre las que destacan la localización de autos vía satélite y los seguros con cobertura amplia.
Más que película anti-asalto
Un coche blindado es aquel que ha sido sometido a un proceso de adaptación, respetando la ingeniería inicial, con la intención de reforzar la resistencia de toda la unidad: toldo, postes, marco, piso, cristales, etcétera. Por lo tanto, en caso de recibir impactos de bala, éstos no llegarán al interior del carro.
Actualmente, en México se emplean cinco niveles de protección que van del “A” al “E” y que están respaldados por la Asociación Mexicana de Blindadores de Autos (AMBA) y certificados por la Norma Oficial Mexicana NOM-142-SCFI-2000. Los dos primeros detienen armas cortas y los restantes detienen armas largas o de asalto.
Dichos niveles son los distintos grados de resistencia a los impactos balísticos y son establecidos y actualizados por entidades internacionales como The Federal Standards for the Ballistic Resistance of Police Body Armor.
Dependiendo del nivel de protección, los materiales empleados se dividen en cinco categorías:
Fibras Aramidas: son fibras de multifilamentos de polímeros tejidos, cuyas características principales son la flexibilidad y resistencia a la ruptura que le permiten absorber la energía que lleva el proyectil y así detenerlo.
Éstas son las mismas fibras que se utilizan en la fabricación de los chalecos antibalas y se instala en áreas grandes como puertas, techo y piso.
Polietilenos: son fibras unidireccionales prensadas a altas temperaturas y presiones para obtener un panel semi-rígido. En términos generales, son utilizadas en los niveles III y IV.
Aceros: se utilizan en los niveles inferiores para las áreas pequeñas como postes y marcos de las puertas, brindando también protección en las zonas de mayor torsión.
Cerámicas: únicamente se emplean en el nivel V y VI; su función es destruir la punta y el núcleo del proyectil.
Una vez que los vehículos han sido modificados, el peso aumenta dependiendo del nivel empleado y el modelo. A continuación, incluimos una tabla que indica, en promedio, el número de kilogramos que ganan las unidades.
Nivel / Peso añadido
Nivel II o A / 160 Kg.
Nivel III o B / 190 Kg
Nivel IV o C / 680 Kg
Nivel V o D / 800 Kg*
Nivel VI o E / 900 Kg*
*En los últimos dos niveles se recomienda el montaje de una suspensión especial y un supercargador.
Además de determinar el nivel de blindaje, es necesario establecer qué tipo es más adecuando dependiendo del uso que se le dará:
Opaco Estructural. Consiste en revestir el perímetro interior del automóvil, los marcos, postes y corona.
Opaco Perimetral. Se coloca en las puertas, techo, batería y tanque de gasolina.
Transparente. Se instala en parabrisas, puertas, áreas de carga y quemacocos.
Tips
Visita personalmente la empresa para asegurarte de que cuenta con las instalaciones adecuadas para llevar a cabo el proceso de forma segura y profesional.
Como muestra de confianza, pide que te permitan presenciar la transformación de un vehículo.
Exige el documento que avala por escrito la garantía.
Pregunta por los acabados finales del auto y solicita que te dejen ver uno terminado.
Dato. Los niveles II y III requieren mantenimiento cada seis meses; por su parte, los niveles mayores deben supervisarse dos o tres veces cada semestre.
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